La economía es cosa de monos

Adam Smith estaba seguro de que los humanos eran los únicos animales que sabían negociar. Escribió: “Nadie ha visto nunca un animal gesticulando y comunicándose con otro, haciendo entender, esto es mío, y eso es tuyo, estoy dispuesto a darte esto por eso”. Y esta idea se dio por buena durante mucho tiempo, hasta que más de 200 años después, el economista Keith Chen y la socióloga Laurie Santos llevaron a cabo un experimento con monos capuchinos en la Universidad de Yale.

Todo comenzó cuando la profesora Santos recibió un grupo de monos del Yerkes National Primate Research Center (Georgia) que mostraban un comportamiento extraño. Ya que los monos estaban constantemente intentando intercambiar galletas por fruta; pieles de naranja por algo más sabroso… Al principio se sorprendió, y pensó que había recibido monos superinteligentes, pero luego se enteró de que habían sido entrenados para hacer eso, mientras estuvieron en Yerkes. Fue entonces, cuando se le ocurrió aprovechar estos conocimientos y llamar al economista Keith Chen, para que le ayudara a llevar a cabo un experimento que probaría que Adam Smith estaba equivocado.

Con este experimento consiguieron que los monos comprendieran que podían cambiar “monedas” (pequeños discos plateados) por comida. Es decir, lograron que los primates usaran dinero. El proceso de aprendizaje les llevó unos meses, pero una vez consiguieron que los capuchinos entendieran que podían cambiar las monedas por comida, empezaron a experimentar.

Los bienes que podían comprar los monos eran dos, uvas o cubitos de gelatina, a un precio de una moneda la unidad. Así, pudieron observar las preferencias del consumidor, ya que cada mono gastaba su renta como mejor le parecía, es decir, algunos se gastaban toda su asignación en uvas, mientras otros lo hacían en gelatina, y otros, simplemente, consumían mitad y mitad de cada producto.

Después, para ver si los monos reaccionaban a las variaciones de precio, bajaron los precios de las uvas, a dos uvas por moneda. Entonces, comprobaron que los primates comenzaron a consumir una mayor cantidad de este fruto. Y como era predecible, ocurría lo contrario cuando los precios aumentaban. Este es el mismo comportamiento que se encuentra presente entre los humanos, cuando el precio de algo sube,  tendemos a consumir menos de ese bien, y cuando el precio baja, consumimos más.

Otra prueba que llevaron a cabo fue la de crear un pequeño juego en el cual se le daban dos opciones al primate al comprar una uva. La primera, consistía en lanzar una moneda al aire, cada vez que compraban una uva, con un cincuenta por cien de posibilidades de recibir otra uva de regalo. En la segunda, al mono se le daban dos uvas al precio de una, pero luego se lanzaba una moneda al aire con un cincuenta por cien de probabilidades de perder una uva.

Si nos paramos un poco a pensar, vemos que en realidad los dos juegos tienen el mismo resultado, un cincuenta por cien de posibilidades de conseguir una uva gratis. Por lo que lo lógico sería pensar que la mitad de los monos elegirían una opción y la otra mitad la otra. Pero no, la mayoría de los monos se decantaron por la primera opción, ya que esta les reportaba solamente posibilidades de ganar, mientras que con la segunda podían perder.

Con esto se demuestra que los monos no son buenos midiendo el riesgo. Pero lo realmente curioso es, que cuando se llevó a cabo este experimento con humanos, el resultado fue el mismo, la mayoría de las personas se decidió por la opción que sólo posibilitaba ganancias, a pesar, vuelvo a repetir, de que el resultado es el mismo con cualquiera de las dos opciones. Por lo que el hecho de que cometiéramos los mismos errores que los primates, puede querer decir que los humanos somos malos midiendo los riesgos por naturaleza, ya que parece que, al igual que a los monos, 1+0 nos hace sentirnos mejor, que 2-1, aunque el resultado sea 1 de cualquiera de las maneras.

También pudieron encontrar más parecidos con los humanos, por ejemplo, cuando uno de los primates intentó usar una rodaja de pepino como moneda, intentando engañar a sus cuidadores. O cuando los monos empezaron a robar monedas. Incluso, uno de los monos aceptó monedas a cambio de sexo.

Hasta aquí, vemos muchos parecidos con los humanos, pero parece que lo que realmente nos distingue de los monos es el ahorro. En todo el tiempo que duró el experimento ninguno de los monos ahorró en absoluto. De todas formas, en mi opinión existe el problema de que no se incentivó el ahorro, por lo que aparentemente los monos no tenían ninguna razón para ahorrar.

Resumiendo, cuando enseñaron a los primates a usar dinero: estos respondieron racionalmente a simples incentivos; irracionalmente a juegos arriesgados; no supieron ahorrar; robaron cuando pudieron; y usaron el dinero para comprar comida, y en algún caso también sexo. En otras palabras, su comportamiento fue muy parecido al de otro animal que supuestamente conocemos algo mejor, el homo sapiens.

Fuentes: Artículo Original de Keith Chen y Laurie Santos (PDF)
Artículo del NYTimes, de Steven Levitt y Steven Dubner
Entrevista a Laurie Santos (iTunes U)

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Acerca de Josu

Nací en Eibar en 1989. Después de haberme pasado un año en los Estados Unidos estoy estudiando tercero de economía en la Universidad de Salamanca. El curso que viene terminaré la carrera en la Universidad de Toronto. Mi blog: https://economiauniversitaria.wordpress.com/
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5 respuestas a La economía es cosa de monos

  1. H.P.F. dijo:

    Muy buen artículo, siempre he pensado que el dinero (o el capital) más que para generar riqueza sirve para controlar el comportamiento de una comunidad. ¿tienes alguna referencia o enlace?

    • Josu dijo:

      Lo siento, se me ha olvidado añadir las fuentes, ahora lo edito. De todas formas, si deseas leer algo más al respecto, creo que es el único trabajo en el que han colaborado Keith Chen y Laurie Santos, por lo que si buscas en internet, te aparecen bastantes referencias.

  2. Pingback: Los números de 2010 | MICROMACRO.es

  3. Pingback: Por qué el cerebro nos miente al tomar decisiones económicas - En Naranja, ING DIRECT

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